Ideas para el gobierno (II): Con la ´S´ de Sábato, Sarlo

Beatriz Sarlo jamás hubiese pensado que el peor destierro le hubiese llegado durante un gobierno democrático e incluso afín a sus ideas: el de su cátedra de Literatura Argentina en la Facultad que la forjó y colaboró a crear, la UBA.

Beatriz Sarlo es hoy en día una personalidad cuestionada por algunos sectores de la sociedad que, en general, han leído poco y nada de sus textos y minuciosos ensayos.  Su pecado reside en escribir para Clarín. 
De todos modos, Sarlo tiene una mirada aguda de la realidad y una gran capacidad para escrutar hechos en apariencia irrelevantes, como el pedido de una mendiga, y luego ser capaz de desarrollar una "táctica y estrategia de la miseria".  Pero sobre todo, Sarlo es capaz de no enceguecerse y de tener la habilidad de criticar más a los que están cerca de ella, pero a los que se encuentran en sus antípodas.
Muchos profesores de Letras sostienen que es imprescindible leer a Sarlo para poder comprender a varios autores de la escena local. No se debe tampoco ignorar que Sarlo ha logrado conquistar un lugar preponderante en un mundo gobernado por los hombres en el que las pocas y grandes teóricas llevan incrustado a su apellido de soltera el de sus maridos.

Sarlo aún tiene mucho para decir, su problema es que no tiene un lugar dónde a ella le gustaría hacerlo.  Hablar de la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires era, hasta hace poco tiempo, hablar de Sarlo.  ¿En qué estado se encontrará la cultura nacional que una intelectual de su talle haya sido vedada de la misma?
La intelectual reconoció que los alumnos de la UBA provienen en su mayoría de las clases altas y medias, y que la política en la misma la ha estancado y ya se ha hecho evidente su "loteo".  Sarlo debió renunciar a su cátedra en la UBA en hechos aún confusos.
Sarlo, al igual que varios intelectuales tiene ideas afines, aunque antiperonista, a las que este gobierno proclama.  Sin embargo, no ha perdido su visión crítica y ha ironizado sobre la creencia que tiene la primera dama, quien se ve a sí misma como una intelectual y sobre el modo de actuar del Presidente "como si fuese un soberano".
Sarlo en uno de los tantos ejemplos del poco espacio que tienen los intelectuales en un país que se jacta de preocuparse por ellos, pero no les da el lugar merecido.
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(*) De la redacción de U24, septiembre de 2006.

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