KRISIS DE LA VIVIENDA

¡Cuidado Scioli! En La Plata también hay villas y parques...

El conflicto en Villa Soldati expuso el paupérrimo nivel de la dirigencia política argentina -oficialismo como oposición-. Scioli decidió tomar una prudente distancia cuando  estalló el conflicto entre la Casa Rosada y la Jefatura de Gobierno porteña. Hay casi 20.000 familias que están en situación de pobreza o indigencia extrema.

 (N. de la R.: Algo extremista el columnista Juan Gossen, negándole a los contribuyentes que pagan por un Teatro Colon como la gente la posibilidad de gozar de una cultura como desean. Y bastante autoritario el tal Gossen al pretender que todos los recursos sean volcados a las cuestiones sociales, no siempre bien identificadas porque ¿quien dijo que la prioridad de la sociedad (que es un conjunto más amplio y más complejo que el que muestra la TV, es el Parque Indoamericano? Luego, ¿quién dijo que el Estado debe resolver las necesidades habitacionales de los marginados, de las clases bajas y también de las medias? ¿No habrá un sistema bancario que está funcionando mal, culpa del BCRA? Muy simplificador Gossen, pero para aportar al debate sobre la vivienda, aqui va la reproducción de la nota)

Por JUAN GOSSEN

 
LA PLATA (Diario Hoy). Es claro que si los gobernantes no pueden prevenir este tipo de situaciones, si el Estado no tiene ni ejerce el monopolio de la fuerza pública para evitar una guerra entre hermanos, sin importar el país de origen, deberían dedicarse a otra cosa.
 
Se trata, en definitiva, de una cuestión de prioridades:
          
Se gobierna para los medios en función de gastar más de $ 200 millones en el techado en un estadio de fútbol que permita albergar un recital de U2 ( los organizadores ni siquiera deberán cumplir con el pago de las tasas municipales ), o gastando otros tantos millones en la restauración del Teatro Colón (que, según los propios artistas, tiene aspectos bastante oscuros); o se gobierna en función de las verdaderas necesidades de la población intentando garantizar derechos fundamentales como salud, educación, vivienda y seguridad.
 
Ambos estilos, en definitiva, son válidos, pero no encarar los problemas estructurales de la sociedad trae consecuencias a largo plazo, que se terminan pagando con la sangre de los que menos tienen, como ocurrió en los últimos días.
 
No se trata solamente de un problema de los gobernantes.
            
Gran parte de la oposición que tiene representación parlamentaria está corriendo detrás de una agenda que poco tiene que ver con las necesidades de la población. Y por ende, tampoco cumplen con el mandato del soberano al no presentar propuestas alternativas.
 
Terminan siendo funcionales, muchos de ellos, a esta forma de hacer política que sólo busca el rédito mediático, con eslóganes vacíos, lo cual deriva en la ausencia total del Estado.
 
Si bien resulta evidente que hubo algunos sectores políticos con fines inconfesables que estuvieron detrás de los usurpadores de Villa Soldati, la cuestión principal es que lo ocurrido fue la consecuencia de una crisis habitacional que no sólo se vive en la Ciudad de Buenos Aires, sino también en gran parte de la Provincia.
 
Por más que el problema habitacional no forma parte de la agenda de discusión política, existe una realidad incontrastable que muestra un creciente número de asentamientos alrededor de los grandes aglomerados urbanos, donde miles de personas sobreviven en condiciones infrahumanas sin acceso a servicios básicos como agua corriente, gas y cloacas.
            
Es más, a pocos metros de la Gobernación, en las barriadas periféricas de La Plata, hay casi 20 mil familias que están en situación de pobreza o indigencia extrema.
 
¿Qué pasaría si desde esos asentamientos se adoptara la misma actitud que las familias que coparon el Parque Indoamericano en Capital Federal y decidieran salir a ocupar grandes espacios públicos, como pude ser el Parque Pereyra o el Bosque de La Plata?
            
Seguramente habría un estallido social varias veces más importante que lo ocurrido en Capital Federal.
 
Esta compleja problemática es la que puede haber llevado a que el gobernador Daniel Scioli haya decidido tomar una prudente distancia cuando estalló el conflicto más álgido entre la Casa Rosada y la Jefatura de Gobierno porteña, que dejó como resultado un territorio liberado donde se produjeron los sangrientos enfrentamientos.
          
Días antes, el mandatario provincial había acusado a Macri  “de no hacerse cargo de los problemas”, y hasta lo cuestionó por sus amenazas de adelantar las elecciones, pero, ante la tragedia del último viernes, se llamó a silencio.
 
La falta de política habitacional por parte del gobierno porteño ya prácticamente está fuera de toda duda. Pero tampoco parecen existir planes estratégicos por parte de la Casa Rosada.
 
El famoso Plan Federal de Viviendas que impulsó el polémico ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, durante la presidencia de Néstor Kirchner, fue sólo un simple parche, y su instrumentación estuvo salpicada de escándalos de corrupción, como la entrega de casas a familiares del intendente y de concejales en José C. Paz, o las denuncias por sobreprecios y el favoritismo a empresas amigas del poder político.

En un principio el plan preveía la construcción de 48.000 viviendas en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, 8.200 en Patagonia sur, 5.800 en Patagonia norte, 12.000 en Cuyo, 15.000 en el Noroeste, 13.000 en el Noreste y 18.000 en la región Centro.
          
El costo de las viviendas se había estipulado entre $ 30.000 y $ 65.000, según la zona geográfica, y tendrían como máximo 49 m2, todas con dos dormitorios y servicios.
             
Los beneficiarios de esos planes debían pagar cuotas de entre $ 120 y $ 180 mensuales, hasta saldar el costo de la casa.
           
Sin embargo, mas allá de esos anuncios, muchas obras se encuentran paradas debido a la demora en el envío de los recursos, como así también por diversas trabas burocráticas, y otras ni siquiera comenzaron a construirse.
           
Esto podría resultar contradictorio con el superávit que el Gobierno ha mostrado en sus presupuestos.
 
La falta de vivienda no solamente afecta a los sectores socialmente más postergados.
           
Gran parte de la clase media se ve imposibilitada de cumplir con el sueño de la casa propia, ante los exigentes requisitos que plantean los bancos y los rotundos fracasos de los planes hipotecarios lanzados oportunamente por la administración K.
 
Una familia tipo debe ganar más de $ 11.000 por mes (en blanco), para acceder a un monto que le permita construir una vivienda digna, requisito que obviamente es cumplido sólo un pequeño porcentaje de la población.
 
Problemas complejos requieren, necesariamente, de respuestas y soluciones que sean acordes a las circunstancias, políticas de Estado a corto, mediano y largo plazo.

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