PRIMERAS CONSECUENCIAS DE LA TOMA DEL INDOAMERICANO

Aníbal Fernández, gran derrotado de la semana

Aníbal Fernández y Nilda Garré compitieron por el Ministerio de Defensa, en 2007. Ganó Garré pero a Aníbal no le fue mal: consiguió la transferencia a Justicia y Derechos Humanos de la Secretaría de Seguridad, con las 3 fuerzas de seguridad nacionales, y cuando fue a Jefatura de Gabinete conservó el control. Ahora lo perdió.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Desde la muerte de Néstor Kirchner, Aníbal Fernández pierde posiciones en la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación.

A la 'mesa chica' de Cristina fue incorporado Julio De Vido, pero no Aníbal Fernández.

Y ahora Julio Alak, un protegido de Aníbal, perdió la Secretaría de Seguridad que fue reconvertida en Ministerio de Seguridad con Nilda Garré al frente.

Es obvio que Garré modificará la cúpula de la Policía Federal Argentina, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval, para acotar cualquier influencia de Aníbal Fernández.

Y lo hará en presencia del jefe de Gabinete de Ministros quien, en estas circunstancias, ya es menos jefe que en el pasado.

Con Garré en Seguridad hay festejos en 'la transversalidad K', que considera que ha ganado muchas posiciones como consecuencia de los acontecimientos en el Parque Indoamericano.

Al menos eso surge de algunas lecturas dominicales.

Antes de avanzar en lo de Aníbal Fernández, un fragmento del relato de Eduardo Anguita en el kirchnerista semanario Miradas Al Sur, que corrobora que el Parque Indoamericano será una extensión de la Villa 20 y Los Piletones:

"(...) Siguen sonando los truenos. Me encuentro finalmente con Diosnel Pérez y con El Tano Nardulli. Diosnel es quien ha quedado como presidente de la Villa 20. Este domingo tenía que haber elecciones en el barrio y él está tratando de evitar que esto se profundice. Entro al barrio y me encuentro con un cartel en un balcón de una casa que tiene cuatro plantas por escalera, con ladrillo hueco terminado sin revocar.

En la primera planta dice 'En venta' y hay un celular. Uno sabe que aquí la venta no es con papeles porque no hay división catastral. Este es un barrio autogobernado desde hace tantos años, en el que nunca un gobierno se decidió a hacer un censo catastral y entregar títulos de propiedad. Pero hace pocos días, el lunes 6 de diciembre, Horacio Rodríguez Larreta dijo que iban a entregar títulos de propiedad en todas las villas, salvo en la 30-31 porque en Retiro son terrenos fiscales de la Nación.

Parecía el prólogo de lo que, al otro día, fue la ocupación de las tierras en Soldati y la represión. ¿Habrá habido un comando único? ¿Habrá sido planificado? ¿O todo esto es un movimiento del desorden del Gobierno de la Ciudad que ahora encuentra a Macri queriendo adelantar elecciones, queriendo convertirse en el hombre de la mano dura y llamando a echar inmigrantes, a matar gente?

Desde el puente que está en Remedios de Escalada y que separa la villa del Parque Indoamericano, pasa el Ferrocarril Belgrano.

Del lado izquierdo están los campamentos. No tienen baños, apenas estas demarcaciones hechas con los precintos que usa la policía cuando hace un procedimiento. Del otro lado hay un caballo blanco pastando. Se ven unas 300 carpas quizás, gente que viene y va, muchos jóvenes, muchos chicos. Se los ve a todos pacíficos, no hay ninguna disputa. Cuando comience la lluvia, se van a mojar todos.

Me quedo conversando con un hombre de una empresa de seguridad contratada por el Ferrocarril Belgrano Sur. Me dice que está desde hace varias horas y que su misión es avisar si hay corte, pero que hasta ahora no hubo ninguno. “Mirá, esto siempre estuvo abandonado, eran yuyales”, me cuenta. Está por comenzar a llover pero nadie se mueve. “Esto habría que lotearlo. Gratis no sirve, que lo entreguen a pagar. Ojalá a mí me entregaran una casa a pagar, yo tengo que alquilar.”(...)".

Sigamos ahora por Horacio Verbitsky en el diario Página/12:

"(...) El gobierno camporista de 1973 avanzó indefenso hacia su consumación porque no comprendió la deliberada manipulación de lo que sucedía, según los pasos de “La técnica del golpe de Estado”, descrita en 1931 por Curzio Malaparte. El de Néstor Kirchner en 2004 advirtió lo que estaba en juego y se consolidó: impuso un criterio novedoso en la política argentina, por el cual las fuerzas de seguridad no pueden portar armas letales para el control de manifestaciones de protesta social, que deben encaminarse por la vía de la negociación política y la asistencia a las necesidades en juego.

El de Cristina enfrenta el desafío a un mes y medio de la muerte de su esposo y líder político y, luego de un grave error inicial, ha respondido con sensibilidad e inteligencia, sin ignorar la intencionalidad de los episodios ocurridos cuando celebraba el tercer aniversario de su mandato y el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Al mismo tiempo que sus enlaces políticos con Macrì instigaban la violencia, el ex senador Eduardo Duhalde reclamaba desde Estados Unidos la imposición del orden. CFK reiteró la decisión de Kirchner de eludir las respuestas represivas a problemas políticos y sociales y asumió la difícil decisión de terminar con el autogobierno de las fuerzas de seguridad, que no podía prolongarse sin graves riesgos.

La creación de un Ministerio de Seguridad y la designación para ocuparlo de quien demostró capacidad y firmeza para conducir y reformar las Fuerzas Armadas llega cuando la conducción civil de las fuerzas de seguridad se había demostrado impostergable y cuando el conflicto en la zona más pobre de la Capital quedó fuera de control. De ahora hasta el miércoles, cuando asuma Nilda Garré, el rostro político y asistencial del Estado deberá desescalarlo. En los términos del sociólogo francés Loïc Wacquant, quien ha estudiado este fenómeno en su país y en Estados Unidos, el regreso del Estado Providencia es la alternativa progresista al Estado Penitencia del neoliberalismo. (...)"."(...)

Eduardo van der Kooy en el diario Clarín:

"(...) Esa brasa tomará en sus manos, desde el miércoles que viene, Nilda Garré, designada ministra de Seguridad.

La designación no fue el resultado de una medida cavilada –aunque sobre el tema se venía hablando– sino de la urgencia política que plantearon los desmanes en Villa Soldati. Esa designación, también, comenzó a hacer visibles fisuras en el equipo de gobierno que circulaban de manera solapada. Asoma una víctima: Aníbal Fernández.

El jefe de Gabinete dispone desde hace años del control de la Policía Federal. Cuando fue ministro del Interior con Néstor Kirchner, y ahora mismo, pese a que la Seguridad dependía, en los papeles, del ministro de Justicia, Julio Alak. Ese hombre, también, estaría más cerca de irse que de quedarse.

Aníbal Fernández sintió el impacto. Se vio cómo, con la cabeza gacha, soportaba la chanza del canciller Héctor Timerman, cuando Cristina anunciaba la entronización de Garré. Los hombres del macrismo que negociaron con él –entre otros– la salida del conflicto en Villa Soldati creyeron verlo apocado e inseguro. Aníbal Fernández, sin la Policía, perderá seguramente fuego.

Aquel discurso de Cristina del viernes pareció exceder, en sentido político, la evocación del Día de los Derechos Humanos. Fue una puesta en escena –teatralizada con niños que, repentinamente, besaron a la Presidenta y le entregaron flores– que apuntó al combate contra Macri , a quien le endilgó xenofobia. Podría haber marcado, amén, un nuevo punto de partida en su administración, luego de la muerte de Kirchner.

La Presidenta venía insinuando, desde entonces, algunos cambios en su forma política. Volvió la mujer punzante, de tono provocativo, que dijo muchas cosas que sorprendieron. Habló de su preocupación por la seguridad –la exacerbó con la creación del ministerio–, del valor igualitario de cada vida, del dolor por cada muerte originada en el delito o cualquier otra razón, de la confraternidad latinoamericana. Todo eso delante de personalidades extranjeras, de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y con el telón de Villa Soldati donde al parecer fusilaban a un joven de 19 años, se apaleaban entre inmigrantes y vecinos y existía una cruel ausencia de fuerzas de seguridad y de su Gobierno.

Quizás ese relato no alcance para abarcarlo todo. Podría estar despuntando dentro de la era K el ciclo “cristinista” . La elevación de Garré y la devaluación de Aníbal Fernández sería, apenas, un anticipo de lo que estaría por venir.

Cristina deslizó la existencia de una imprecisa conspiración contra ella por el estallido de Villa Soldati. Aníbal Fernández chicanéo a Macri con la presencia del barrabrava Juan Carlos Capella, pariente además de un ex masajista de Boca. Pero ese reo estuvo en el Mundial de Sudáfrica llevado por los dineros de las hinchadas kirchneristas.

El macrismo también presumió que la pueblada pudo estar armada en su contra . Habría un dato que lo avalaría: varios de los camiones que llevaron a los inmigrantes hasta Villa Soldati salieron desde La Matanza. Habrían contado con el apoyo del piquetero Luis D’Elía. Tampoco pasó inadvertido el sesgo político de las declaraciones de esos inmigrantes: contra Macri y contra la Policía Metropolitana. Mucho conocimiento para gente que está desembarcando en el país. Ese movimiento habría estado coordinado con otro: de nuevo las tomas en los colegios, frustradas por el fin del ciclo lectivo.

Habrá que ver cuántas de esas pistas responden a la certeza, a la casualidad o a una simple presunción. Tal vez Macri haya cometido en este tramo dos pecados capitales.

No advertir con debida antelación el fenómeno de las ocupaciones que atraviesa el país . Acaban de suceder también en Lomas de Zamora y en Córdoba. Las nuevas ocupaciones tienen vínculo con la saturación de las villas miserias , cuya población en Capital se duplicó en cinco años. Basta ver que la Villa 31 ya se confunde con los containers del puerto. (...)".

Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:

"(...) El jefe de Gabinete perderá también, seguramente, la posibilidad de contar con un equipo propio de inteligencia, que hasta ahora le proporcionaba la Policía Federal.

Garré tiene por delante una tarea enorme como un bloque sombrío: deberá desmontar bolsones de corrupción policial; sacarla a la Policía del espionaje a políticos y periodistas, y enseñarle a preservar el orden público y reprimir el delito con formas eficientes. ¿Podrá? En ese intento, tropezará más de una vez con las intrigas de su viejo adversario interno, Aníbal Fernández, que era el líder de la Policía. Por ahora, Fernández está entretenido buscando quién le tiró los muertos.

Sólo el despistado canciller Héctor Timerman se abrazó eufórico a la cabeza de Aníbal Fernández cuando escuchó el nombre de Garré de boca de la Presidenta; era ya una cabeza cortada como jefe virtual de la seguridad. Versiones confiables aseguran que el jefe de Gabinete tiene un pie dentro y otro fuera del Gobierno. Su anterior caciquismo policial era su oferta política más consistente.

Nadie sabe si la Policía Federal mató a alguien, pero se vieron imágenes de una enorme ferocidad en la represión de los ocupantes ilegales de Villa Soldati. ¿La policía argentina sólo está en condiciones de no hacer nada o de herir y matar? ¿No hay métodos más civilizados para reprimir un desorden en el espacio público? En Europa, en los últimos días de ajustes y de malas noticias sociales, hubo multitudinarios y duros enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad. No hubo muertos ni heridos (de gravedad, al menos) hasta ahora.

Durante siete años, el gobierno kirchnerista prometió la formación de una Policía más democrática. En verdad, lo único que hizo es esconder a la Policía, que siempre aparece con sus viejas mañas cuando debe salir. El gobierno nacional suele creer en supuestas conspiraciones de la Policía para ofrecerle un muerto cada vez que tiene una oportunidad. Puede ser peor que eso: la Policía no sabe, simplemente, cómo hacer las cosas de un modo mejor. La visión conspirativa sobre las fuerzas de seguridad dejó indefensos e impotentes al Estado y a la propia sociedad. La Presidenta se dio cuenta de ese enorme déficit, pero decidió pelearle a Macri el liderazgo de un discurso desde otro ángulo ideológico.

Antes de perder el poder, Aníbal Fernández se dio algunos gustos típicos de él: volvió a incumplir una orden de un juez, como ya lo había hecho hace un tiempo en un conflicto por una elección sindical. El juez capitalino Roberto Gallardo le ordenó, no bien comenzó el conflicto, que la Policía Federal estableciera un cerco perimetral en el parque de Villa Soldati para evitar los enfrentamientos de uno y otro bando, el mismo cerco que sólo ayer se estableció. No lo haré, dijo antes Fernández. Dos muertes violentas sucedieron poco después. Otras dos juezas capitalinas, María Cristina Nazar y Elena Liberatori, van y vienen, se tropiezan y se contradicen con la investigación del caso. En Villa Soldati, la Justicia no sabe si atacar a un antagonista ideológico o hacer cumplir la ley.

El propio Macri venía entretenido con su candidatura presidencial y con sus maniobras para conseguir la aprobación del presupuesto porteño, cuando se topó con cuatro muertos en su propio territorio electoral. No tiene Policía para vérselas con semejante explosión de violencia, es cierto, pero pudo ejecutar mejor su presupuesto para la construcción de viviendas. Subejecutó las partidas presupuestarias en una ciudad donde medio millón de personas tiene problemas habitacionales; el conflicto creció exponencialmente en las villas de emergencia en los últimos años.

Es cierto, de igual modo, que en esa materia el gobierno nacional también lo trata a Macri como un enemigo a batir. En 2010 le giró el 50 por ciento de los fondos comprometidos para la construcción de viviendas; ese porcentaje sólo sirvió para financiar los proyectos habitacionales de la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Un masivo plan de construcción de viviendas por parte del gobierno nacional sólo beneficia a las provincias amigas, desde Buenos Aires hasta el Chaco.

Las conmovedoras escenas de Villa Soldati (incluidos ambulancias y periodistas baleados) provocaron la psicosis de un vasto temor entre los porteños. ¿Dónde sucederá la próxima balacera? ¿Dónde el próximo asentamiento? ¿Dónde se implantará un campo de batalla que derrumbará el Estado de Derecho a partir de un instante súbito e infiel? (...)".

Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:

"(...) La Presidenta se convenció, durante las largas horas de análisis en soledad en Olivos, entre jueves y viernes, mientras se acumulaban los muertos y heridos y la ausencia policial se hacía cada vez más flagrante, que hubo allí, por lo menos, el caldo de cultivo de una acción difusa para desestabilizarla o desgastar su gobierno, justo el día en que cumplió tres años al frente del poder. Su mirada de la violentísima represión a cargo de la Policía Federal, durante la primera oleada de incidentes, la terminó de convencer que algo de eso que sospechaba, casi como un ejercicio cantado, en razón de aquellas enseñanzas de su esposo, estaba ocurriendo.

A aquella visión conspirativa contribuyó, casi como una curiosidad, un fuerte comentario que le deslizó al oído, por esas horas, Hebe de Bonafini. La titular de Madres de Plaza de Mayo tiene intereses creados en la zona de la tragedia, porque regentea la construcción de un complejo de viviendas a través de los fondos oficiales que recibe su fundación, que maneja su brazo derecho, Sergio Schocklender. Bonafini le llenó la cabeza con la represión de la Federal, pero su contador agregó leña a la hoguera al pasarle un informe de sus agentes de inteligencia en el lugar: dijo que el intento desestabilizador estaba siendo protagonizado por "zurdos", punteros políticos vinculados a los grupos de inmigrantes bolivianos y paraguayos que estaban usurpando los terrenos, y un grupo de presunta pertenencia a la droga y el narcotráfico. A todos les atribuyó motivaciones desestabilizadoras, no contra el gobierno de Macri, sino contra el de Cristina.

La Presidenta actuó, como lo ha hecho en otras oportunidades, por espasmos. La creación de urgencia del ministerio de Seguridad es una prueba fehaciente de ese procedimiento. En el fondo, la primera lectura que deja esa medida no apunta tanto a sus intenciones ocultas, durante todos estos días, de dejar mal parado electoralmente a Mauricio Macri, sino a la de meter el bisturí hasta el hueso en una policía sospechada de violenta y de tener vínculos con la prostitución, el juego y el narcotráfico. Y, peor todavía, de haber actuado deliberadamente con la violencia que lo hizo esa noche. ¿Para quién era el mensaje, sino para el gobierno central, por parte de una fuerza que depende orgánicamente de Julio Alak, pero, en la práctica, no mueve un bastón sin la orden de Aníbal Fernández?

La designación de Nilda Garré al frente del manejo de las fuerzas de seguridad, en especial de la Federal, deja en la mira de Cristina al jefe de gabinete. Algunos apresurados en el gobierno, durante las horas dramáticas de la madrugada del viernes, no daban un peso por la permanencia del quilmeño en el gobierno. Colaboradores presidenciales dicen que Aníbal conservará su cargo, al menos por ahora, pero que la relación con Olivos, por su manejo directo y personalísimo de la fuerza que, una vez más, puso sobre la calle su espíritu violento y escasamente democrático, quedó seriamente dañada. El desembarco en el área de seguridad de la ex montonera y, hasta el viernes, ministra de Defensa deja en evidencia también la absoluta inoperancia de un funcionario siempre pintado, como Julio Alak. A partir de ahora, más que nunca, lo suyo será un sello de goma que lo identifica como ministro de Justicia y Derechos Humanos.

De Garré hay que decir que dejó más odios y rencores, más enconos y enemigos que ninguna otra cosa, a su paso por el ministerio de Defensa. Cumplió al pie de la letra aquella vieja orden que le dio Néstor Kirchner, cuando la designó al frente de las Fuerzas Armadas: ningunearlas hasta casi su desaparición. ¿Qué se puede esperar, entonces, de su desembarco en el manejo de una fuerza mucho menos orgánica, si se quiere, atada a conceptos menos rígidos que la disciplina militar y sospechada intrínsecamente de corrupta?

Lo primero que hará la nueva ministra de Seguridad será descabezar la cúpula de la fuerza, ya sin el manto protector de Aníbal, a quien los cables secretos del Departamento de Estado difundidos por WikiLeaks no lo trataron bien, a la hora de echarle encima sospechas sobre connivencia con el narcotráfico y escaso entusiasmo para combatir el lavado de dinero. (...)".

Volvamos a Verbitsky en Página/12:

"(...) En la desolada residencia de Olivos durante la noche del martes y el feriado del miércoles, en la Casa Rosada el jueves y de nuevo en Olivos el viernes hasta la hora de partir para la entrega de los premios a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, CFK tuvo en vilo a sus principales colaboradores. La Presidente urgió la realización de las necropsias de los primeros muertos, para lo cual debió recurrir al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, porque el Cuerpo Médico Forense remoloneaba sin premura; cotejó los resultados de esos peritajes con las versiones que divulgaban las policías Federal y Metropolitana; observó varias veces las secuencias filmadas por distintos canales de televisión. Durante las largas horas de silencio político, la única palabra oficial fue la de un vocero de la Policía Federal, sólo preocupado por defender la imagen institucional.

Los mismos argumentos formaban parte del mensaje que se proponía leer el ministro que estaba a cargo de la Seguridad, Julio Alak. La Presidente lo impidió. También recibió a los familiares del muchacho paraguayo Bernardo Salgueiro y de la chica boliviana Rosmarie Churra Puña, asesinados el miércoles. Algunos llegaron con el temor de verse involucrados en un show, pero CFK decidió que esos dolorosos encuentros íntimos transcurrieran sin fotógrafos ni periodistas, como ya había dispuesto cuando recibió a padres y hermanos de Mariano Ferreyra, el chico asesinado por una patota gremial en Constitución.

No hizo lo mismo con los tobas agredidos por la policía de Formosa, lo cual marca una diferencia indefendible. En cambio, los recibió el ministro del Interior, Florencio Randazzo, quien mostró fotos en las que se veía a un indígena con un machete, a otro con un arma de puño y a un tercero con una carabina rudimentaria, los instrumentos de trabajo de esa etnia de cazadores y recolectores, que de ninguna manera pueden equipararse con el despliegue de un cuerpo especial de la policía formoseña, de entre 70 y 200 hombres según qué fuente se escuche.

Macri siguió repitiendo la versión policial, según la cual Salgueiro había muerto antes de que comenzaran los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, pese a que la declaración de la chica que lo acompañaba, Alejandra González, de 18 años, ante un funcionario de la seccional 52 de la propia Policía Federal, ratificada luego por sus familiares y otros testigos, indicaba en forma categórica que los disparos que le costaron la vida provinieron de las armas de las dos policías, formadas codo a codo sobre el puente que domina la villa 20.

La policía informó al gobierno que Salgueiro tenía sólo un perdigón y que nadie más de su grupo había recibido impactos, lo cual avalaría la hipótesis de un disparo de tumbera. Pero la necropsia no habla de un perdigón único sino de genérica “posta de plomo de cartucho”, y un pariente de Salgueiro que iba junto a él fue herido en un brazo.

De este modo, CFK terminó de formarse un juicio sobre lo sucedido y tomó decisiones llamadas a poner fin al autogobierno policial, una de las principales asignaturas pendientes de la democracia argentina. (...").

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