LA OTRA CARA DE LA OKUPACION

En Soldati, volvió a ganar el narcotráfico

Los sucesos en el Parque Indoamericano han demostrado, nuevamente, que gran parte de la sociedad argentina es permeable al narcotráfico. Con la excusa de que hay gente (la mayoría, indocumentados) sin vivienda propia, los asentamientos dominados por narcotraficantes siguen expandiéndose, ahora apoyo del mal llamado 'progresismo'.

por EDGAR MAINHARD

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La ocupación de espacios públicos no puede permitirse pero ocurre a menudo: por el incremento de los montos de la asistencia social, por un reclamo salarial, por la efectivización de trabajadores tercerizados, por el control de asentamientos para gente sin vivienda... etc. Siempre parece existir una excusa válida.

Hay 5 muertos ocurridos en ocupación de espacios públicos recientes. 1 muerte derivada del reclamo de tercerizados que querían ser efectivizados. 2 muertos en una disputa de tierras en Formosa. Y 2 muertos en una disputa de tierras en Ciudad de Buenos Aires. El dato no debería pasar desapercibido a quienes investigan los comportamientos de los grupos sociales.

Es curioso que los más recientes incidentes sobre ocupación de espacios públicos para vivienda ocurran en la Ciudad de Buenos Aires y no en municipios del Gran Buenos Aires donde, en varios de ellos, hay mucho más espacio físico disponible para nuevos asentamientos. En derredor de la Villa 20, en Soldati, han existido varios incidentes graves en los últimos 10 años.

Supuestamente es 'progresista' tolerar esas ocupaciones y concederle territorio a los demandantes para que pudan asentarse con la promesa de que más adelante habrá una urbanización de sus barrios precarios. Todo mentira. Y no serán ni el Partido Obrero ni el Movimiento Socialista de los Trabajadores quienes se apoderen del concepto de 'progresista', cuando sus líderes proponen una sociedad en la que mayoría de los contribuyentes argentinos jamás querría vivir. Tampoco en la que desea el juez Roberto Gallardo.

La realidad es que se sigue aceptando como mal social menor el hacinamiento pero también la pauperización de la Ciudad y la legitimación de la ausencia del Estado, que nunca tendrá el control de lo que ocurre en esos asentamientos porque los usos sociales dominantes entre los okupas requiere de la ausencia del Estado o su presencia en su versión más corrupta.

Luego, obtener territorio por la ocupación -y 2 muertes, entre los propios demandantes- exige una reflexión profunda de la sociedad sobre sus hábitos y costumbres coyunturales, que pueden transformarse en estructurales. En especial, el intento del Ejecutivo Nacional de trasladar el conflicto al Gobierno porteño porque es de un partido político diferente cuando la sociedad y sus problemáticas son las mismas.

Sin embargo, lo más grave es que existe abundante información de que el trasfondo del problema es una disputa de tierras promovida por narcotraficantes. O sea que han ganado, otra vez, los delincuentes.

Probablemente ellos mismos provocaron la violencia que derivó en la muerte de 2 personas porque conocían que así se aproximaban a un escenario político permeable a sus objetivos.

No se trata de confundir pobreza con delito. Ni okupas con narcos pero es indudable que hay una convivencia apreciable en este caso, por ejemplo. Unos son utilizados por los otros. Esto requeriría que el Estado no acepte las condiciones de los okupas cuando son las que pueden servir a los narcos. El Estado debe exigir con determinación que sean sus leyes y normas las que imperen, y de lo contrario no hay Gallardo que valga.

La sociedad argentina parece no haber considerado aún la gravedad de los acontecimientos derivados del avance del tráfico de estupefacientes y de la convivencia con el delito organizado.

Por último, no puede ser que cada vez que intervienen las fuerzas de seguridad acabe en una reprimenda para sus efectivos. Es insólito, es denigrante para la propia sociedad que necesita a esas fuerzas de seguridad, las construye y las financia, y es suicida porque tienen un rol importante.

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