DILEMA EN EL PODER

¿Cuántos puntos sube Cristina si Moyano va preso?

Hugo Moyano cometió un gravísimo error: su crecimiento político-económico fue acompañado por un proporcional aumento de su impopularidad. Hoy día no es insustituible al frente de la CGT y su detención sería un beneficio político para Cristina Fernández.

por EDGAR MAINHARD
 
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Si Néstor Kirchner no fue insustituible para el ejercicio del poder, Hugo Moyano es reemplazable como secretario general de la Confederación General del Trabajo. Clientelares, los otros líderes del sindicalismo peronista observan a diario los movimientos de sus pares invitados a las ceremonias oficiales: Gerardo Martínez (Uocra), Antonio Caló (UOM), etc.
 
El poder de Moyano era su relación con Néstor Kirchner, que muchos afirman que terminó a los gritos horas antes de que 'la Parca' se llevara al fundador del Frente para la Victoria.
 
Especulación cierta o falsa, desde entonces la situación judicial de Moyano se complicó. Pero su coyuntura política ya trastabillaba desde antes. 
 
La movilización de Moyano al estadio de River Plate representó su cenit y también el inicio de su ocaso: él demostró su capacidad de arriero pero los intendentes peronistas bonaerenses faltaron a la cita y deslizaron que había sido una extorsión a los Kirchner antes que un homenaje a ellos.
 
Moyano nunca pudo asumir el liderazgo del Partido Justicialista bonaerense en reemplazo de Alberto Balestrini y su estrella no ha dejado de perder altura.
 
Un Moyano procesado y, eventualmente, detenido sumaría mucho a Cristina Fernández, interesada en recuperar para sí al electorado de clase media que la acompañó en 2005 y en 2007, y que abandonó a su marido en 2009.
 
Por impericia y avaricia, Moyano se ha ubicado en un lugar frágil: su libertad es indiferente y su prisión es negocio político para Cristina.
 
Sin embargo, ¿qué quiere la Presidente acerca de Moyano?
 
No faltan los colaboradores de Cristina que insisten que Moyano debilitado pero en libertad es más útil que Moyano preso.
 
Ellos dicen que hoy día Moyano se encuentra obligado a aceptar -al menos hasta que la inflación los sepulte a todos, Cristina incluida- participar del pacto social en las condiciones que lo necesita la macroeconomía gubernamental.
 
Pero otros insisten en que el riesgo de un Moyano debilitado en funciones es facilitar un desborde en los reclamos, y eso acabaría golpeando a la propia Cristina.
 
También es cierto que muchos se oponen, confidencialmente, al mencionado intento de pacto social, y Moyano les está facilitando la tarea cuando anuncia que suspendió la participación de la CGT en las negociaciones, a causa del "acoso judicial" contra la obra social de los camioneros en la causa de la mafia de los medicamentos. 
 
En un encuentro con dirigentes sindicales en la sede de La Bancaria, en Mar del Plata, el viernes 03/12, dicen que Moyano explicó que tenía conocimiento de que el juez federal Claudio Bonadio podría procesar (previa indagatoria) a su 2da. mujer, Liliana Zulet, al frente de la gestión de la Obra Social de Choferes de Camiones (Oschoca).
 
Moyano dice que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, "es amigo de Bonadio", señalando a quien él cree que debería 'hablar con el juez'.
 
Pero también es amigo de Bonadío, por ejemplo, Luis Barrionuevo, el sindicalista gastronómico que pasó de aliado de Moyano a su archienemigo y compañero de golf del magistrado.
 
Según las versiones, Moyano estaba en Mar del Plata porque gestionaba una entrevista con Cristina, pero ella le mandó a decir que no tenía tiempo, respuesta muy lógica en el marco de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Presidentes, de la que ella participaba.
 
Moyano intenta la intervención de Cristina luego de los allanamientos a las sedes de 42 obras sociales, entre ellas la de los camioneros. El juez Norberto Oyarbide procesó al proveedor de la obra social de los camioneros, Marcos Hendler, dueño de Droguería Urbana.
 
Hendler fue tema del controvertido último diálogo (telefónico) con Kirchner, antes de la tragedia en El Calafate.
 
Pero el Ejecutivo Nacional no puede 'intervenir' ante la Justicia federal sin costo político para Cristina. Moyano es proclive a los gestos personales y políticos obscenos pero ahora su desesperación lo lleva demasiado lejos.
 
Moyano no puede reclamar públicamente que la Presidente lo rescate 'por una cuestión de Estado' en una cuestión judicial que, además, genera un consenso: las obras sociales enriquecen a los sindicalistas... y luego el Estado siempre tiene que auxiliarlas financieramente.
 
Sin embargo, Moyano tiene posibilidad de presionar a Cristina: agitar la inflación, que es el talón de Aquiles del famoso 'modelo'.
 
El lunes 06/12, la CGT volvió a suspender la reunión del consejo directivo convocada para el martes 07/12, con el argumento de que "debería ampliarse el temario y no limitarse exclusivamente a la discusión de precios y salarios". 
 
Los sindicalistas quieren que se incorporen 
 
> el aumento del mínimo no imponible, 
 
> la fijación de un mayor tope salarial para otorgar asignaciones salariales, y 
 
> el proyecto de participación de los trabajadores en las ganancias empresariales.
 
A Moyano ya le han advertido que el pacto social no bajará la inflación en el mediano plazo y que no se exponga a quedar como 'responsable' de ese fracaso. Para eso tendría que ir, sentarse y colaborar con Cristina para que sea ella quien cargue con las consecuencias. Sin embargo las necesidades judiciales de Moyano lo llevan a ausentarse de la mesa tripartita, lo que podría aprovechar Cristina para acusarlo de boicotear el éxito de la economía.
 
Los sindicalistas, en general, tienen ánimos encontrados en esta cuestión. El metalúrgico Caló, quien fue candidato a reemplazar a Moyano en la más reciente elección de la CGT (hasta que Kirchner la volcó a favor de la reelección del camionero), sostuvo que “hay que hacer lo imposible para que la inflación disminuya a un dígito, que es lo normal”.
 
Pero, de inmediato, él incurrió en una contradicción: Caló anticipó que su gremio pedirá a las cámaras empresarias de la actividad (por ejemplo, Adimra) el adelantamiento de las convenciones colectivas del sector
 
En verdad, muchos sindicalistas -pero no por solidaridad con Moyano sino por reclamo de sus afiliados- se encuentran planteándose esa posibilidad, que no le conviene a Cristina.
 
En ese contexto, Cristina necesita al sindicalismo en la mesa del pacto social, nunca afuera, con o sin Moyano. Pero ¿cómo convencer ahora a la opinión pública que ella no intervino si los magistrados dejaran de cumplir con su trabajo?
 
Luego del luto de Cristina y del abuso de la victimización, comienza la gestión concreta del poder, y en entonces Cristina tendrá que demostrar sus virtudes y defectos, sus aciertos y fracasos, sus ambiciones y estrategias.

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